LA ABLACION- CRIMEN "LEGAL" HACIA LAS MUJERES LAS MUJERES
informe: Por Rosa G Limia
La ablación crimen "legal" contra las mujeres
Informe: Por Rosa Gómez Limia
Dos millones de niñas al año, aproximadamente 6000 cada día, pasan por la práctica de la mutilación en el mundo.
Se practica en 27 países de África Subsahariana, entre ellos Etiopía, Kenia, Nigeria, Somalia y Sudán que supone el 75% de todos los casos (en países como Somalia Yibuti, el 98% de las niñas están mutiladas) y en algunos de Asia.
En la actualidad hay más de 100 millones de mujeres a las que les extirparon total o parcialmente los órganos genitales externos cuando eran niñas.
Es una actividad rechazada por la ONU y la Unión Europea, además la OMS lo considera una violación del derecho a la salud.
En toda la Unión Europea, sólo Reino Unido y Suecia, consideran la ablación como un delito.
La ablación en España
En España- desde julio de 2005- una ley permite a los tribunales españoles perseguir delitos de mutilación genital femenina en el extranjero de ciudadanos que residen o se encuentran en España, y lo considera un delito castigable En España la población que tiene mayor riesgo de sufrir esta práctica son Cataluña, Andalucía y Aragón, ya que en estas zonas se concentra el mayor número de inmigrantes.
Se hace de manera clandestina, y aumenta en la finalización del curso escolar, cuando las familias inmigrantes aprovechan para ir de vacaciones a su país de origen, donde se somete a las niñas a esta práctica.
Incluso muchas veces, los familiares en el país de origen, la realizan sin la autorización de las madres.
Por eso AMAM mantiene contacto con las asociaciones antimutilación de Gambia para que vigile a la familia y siga su labor allí.
¿Qué es la ablación?
La ablación sexual es la mutilación de parte de los genitales externos.
Normalmente es realizada por parte de una mujer mayor con experiencia, que utiliza un vidrio, una cuchilla oxidada o cualquier otro instrumento cortante, sin ninguna medida higiénica o de precaución.
A estas mujeres, se les retribuye con dinero o bienes y tiene un rango social importante dentro de su clan, por lo que es muy difícil que dejen de practicarlo.
Existen varios tipos de ablación.
▪ Amputación del prepucio del clítoris, pudiendo extirparse en parte o en su totalidad.
▪ Una forma más agresiva sería la escisión o mutilación del prepucio total o parcial, del clítoris y los labios menores, conservando los labios mayores.
▪ La infibulación es la forma más agresiva y consiste en la extirpación de clítoris y labios mayores y menores. Después del acto, hay un cosido de ambos lados de la vulva hasta que queda prácticamente cerrada, dejando únicamente una abertura para la sangre menstrual y la orina.
Motivos
Se practica en nombre de la religión y cultura, como un " símbolo de identidad cultural", sin embargo, no existe ningún versículo del Corán en el que explique esta obligación de agresión física. El problema de la alfabetización es aquí vital.
También se habla de la cuestión de género. El clítoris es considerado como un pene pequeño y debe ser eliminado por la supremacía masculina.
En algunas sociedades, se considera que sólo el hombre debe sentir placer sexual. Eliminando el clítoris, se elimina el placer sexual y el riesgo de la promiscuidad femenina, asegurando así que la mujer llega virgen al matrimonio.
Las no mutiladas, difícilmente logran casarse.
Por otra parte, el órgano sexual femenino se considera feo y sucio, por lo que a las mujeres no mutiladas no se les permite acarrear agua, ni cocinar.
EN EL SENEGAL A pesar de haber sido recientemente condenada por el presidente Abdou Diouf y su ministra de la Mujer, Aminata Mbengue Ndiaye, esta práctica sigue afectando al 20% de la población senegalesa, es decir a un millón de mujeres con edades comprendidas entre un mes y 16 años. Y eso que las cifras de este país están por debajo de otros, como Sudán (98%), Somalia (98%) o Etiopía (85%). Unicef estima que más de 120 millones de mujeres de 28 países han sido mutiladas genitalmente. Operaciones que van desde la ablación parcial o total del clítoris hasta la excisión de los labios y el cierre del orificio externo de la vagina para impedir la penetración.
"Se ha convertido en algo comercial; cada persona que pasa por ella debe pagar un kilo de jabón negro y 5.000 francos", explica Mareema Ndiaye, madre de siete hijos. Además, el dolor es terrible porque la operación se hace sin anestesia, con un cuchillo de cocina o una hoja de afeitar y a veces con un pedazo de vidrio. "Tenemos que soportar el dolor sin llorar. No podemos gritar para no convertirnos en la vergüenza de la familia. Sin hablar de las infecciones, a menudo mortales", dice Lala Diarra.
Tras mucho tiempo enterrados, Oureye Sall puede, por fin, dar rienda a sus recuerdos más personales y dolorosos. Sin tabúes. "Se lo debemos a nuestra hermana Suddenaya Naay...". Este nombre wolof es el de Molly Melching. Llegada a Senegal en 1974 para terminar su tesis doctoral en literatura africana, esta americana se quedó prendada del país.
Con unas cuantas amigas, fundó la ONG Tostan, y con el apoyo de Unicef y del Gobierno senegalés puso en marcha un programa de educación básica. El método es la discusión y el teatro."Gracias a todo eso -confía Bettilokho Fall, la educadora de Ngérigne-hemos conseguido hablar de la excisión, la contracepción y de la menopausia. Nada se les impone. Ellas decidieron romper con esta práctica. Es su lucha".
El Corán. Un combate que habría podido tropezar con la religión. Algunos musulmanes intentan legitimar la excisión basándose en el Corán. "Nuestros temores se desvanecieron cuando el imam, Malamine Diagne, nos tranquilizó", cuenta Oureye Sall.
El jefe espiritual de Ngérigne ha venido a apoyar a las mujeres: "No existe referencia explícita a esta práctica entre las enseñanzas del Profeta. La ley islámica coloca la excisión entre los ritos de aseo, igual que cortarse las uñas, depilarse las axilas o recortar los bigotes. La oración es sagrada, la excisión, no".
"La cohabitación de diversas razas ha favorecido el mestizaje de ideas. Por ejemplo, yo formo parte de las mujeres de la aldea, ciertamente minoritarias, que no han sufrido la ablación", confía Rokhaya Ndiaye, nacida de padre haal pulaar y de madre wolof.
Se hace el silencio ante la evocación del juramento de Malicounda Bambara. El 31 de julio de 1997, 70 mujeres, que habían seguido los cursos de Tostan, anunciaron públicamente su decisión de detener la práctica de la excisión. Pese al apoyo de su jefe y del imam empezaron a sufrir ataques. Maïmouna Traoré, la decana del grupo, responde: "Nuestro error fue hablar en nombre del pueblo. Hay muchas mujeres que siguen aferradas a las costumbres".
Su decisión es irrevocable. "No renunciarán jamás -explica la educadora Ndeye Maguette Diop- e intentarán convencer a sus hermanas. ¡Son auténticas bambara, auténticas amazonas!".
Cada año dos millones de niñas de entre cuatro y 12 años son víctimas de mutilaciones genitales. La justificación que argumentan los practicantes de este rito va desde motivos de higiene hasta considerarse como una fórmula para evitar la promiscuidad. La realidad: cerca de un 45% de estas mujeres no obtiene placer durante sus relaciones sexuales, buena parte de ellas tienen coitos dolorosos y muchas pueden sufrir, posteriormente, graves complicaciones durante el parto.
Este tipo de mutilación tiene consecuencias físicas serias desde el primer momento en que se lleva a cabo. Dado que la mayoría de las veces se realiza en las peores condiciones médicas y sin anestesia, las víctimas sufren mucho dolor e incluso pérdida del conocimiento. Además, suelen producirse graves hemorragias e infecciones. Muchas jóvenes mueren durante o poco tiempo después de la intervención.
Las consecuencias a largo plazo de esta mutilación van desde problemas menstruales, quistes e infecciones crónicas de la pelvis hasta la infertilidad. Los expertos creen que entre un 15% y un 20% de las mujeres mutiladas no puede tener hijos. Psicológicamente, la ablación provoca estados de ansiedad, depresión y ataques de pánico. Pero la castración femenina ha dejado de ser un rito practicado únicamente en los países subdesarrollados. Informes publicados en revistas médicas de prestigio han revelado que en Europa y Estados Unidos se está produciendo un incremento de este tipo de mutilación parejo al aumento del número de inmigrantes del África subsahariana.
La pérdida casi total de sensibilidad es la principal consecuencia para las afectadas, con el añadido trauma psicológico. Hay mujeres que mueren desangradas o por infección en las semanas posteriores a la intervención, ya que se realiza casi siempre de manera rudimentaria, a cargo de curanderas o mujeres mayores, y nunca en centros sanitarios.
