La Coctelera

feminismo

humanidad=igualdad

2 Diciembre 2007

TEÓLOGAS Y FEMINISTAS

Es frecuente que a las teólogas cristianas y feministas se nos pregunte: ¿por qué “feminista” y no “femenina”? Pero ¿cómo podemos hacer “teología femenina” las mujeres cuando todavía hoy el diccionario de la Real Academia de la Lengua describe lo femenino como algo “propio de mujeres o relativo a ellas” o “débil, endeble”? ¡Cualquier cosa antes que una teología débil o endeble y sólo para mujeres y sobre mujeres! También nos dicen a menudo: me gusta lo que dices, pero ¿por qué llamarlo feminismo? Lamentablemente en muchas personas el término se asocia a imágenes de mujeres amenazantes, malhumoradas, rabiosas y feas. Mujeres que odian a los hombres, no se depilan y se dedican a quemar sujetadores…
Es triste, teniendo en cuenta que el feminismo es probablemente la única revolución que no ha derramado ni una gota de sangre de sus detractores o al menos la revolución pacífica de mayor alcance. ¿Cómo puede confundirse este estereotipo vulgar con una tradición ético política de más de doscientos años gracias a la que hemos obtenido tantas mejoras en nuestra vida y que hoy consideramos irrenunciables en una sociedad democrática? Es una injusticia que pone de manifiesto la necesidad que seguimos teniendo, tanto varones como mujeres, de una conciencia crítica feminista. Si es que queremos construir un mundo mejor, más justo y más humano para todos y entre todos, sin exclusiones.
Las mismas oportunidades
Porque en última instancia, como dice la teóloga norteamericana Beverly Wildung Harrison, el proyecto global, histórico y completo que el feminismo aborda, y que todavía hoy es un sueño lejano, consiste en que toda niña, de todas y cada una de las comunidades y culturas nazca para compartir un horizonte pleno de potencialidades humanas. Que tenga el mismo abanico de opciones ante la vida que cualquier niño varón. Todavía hoy nacer hombre o mujer implica tener oportunidades diferentes. La mayoría de las mujeres siguen sufriendo hoy discriminaciones y heridas económicas, políticas, sociales, físicas, intelectuales o psíquicas por razón de sexo. Pero la teología y la formación en nuestras Iglesias sigue siendo ciega a esta discriminación y permanece muda ante el sufrimiento de las mujeres porque durante siglos ha sido elaborada exclusivamente desde una perspectiva masculina y clerical. Por eso necesitamos urgentemente todos y todas una perspectiva feminista, del mismo modo que hoy no aceptaríamos un acercamiento a los textos bíblicos que no tuviera en cuenta el método histórico-crítico.
La teología feminista pretende precisamente contribuir a una teología más integral, más inclusiva, aportando el inmenso caudal de creatividad teológica y espiritual de las mujeres a la teología y a la Iglesia. Articula críticamente lo que las mujeres hemos aprendido al tomar conciencia de nuestra situación, analizar sus causas y dar pasos en común para modificarla. Se nutre de las luchas históricas de las mujeres por sobrevivir y por sostener la vida de los suyos y de su comunidad y desde ahí hace una relectura del cristianismo y reflexiona sobre lo divino y lo humano. Su objetivo es la transformación de las personas y de las instituciones sociales hacia unas relaciones de mayor mutualidad y cooperación entre varones y mujeres.
Un proyecto concreto
EFETA se inserta en esta corriente. Pretende ofrecer una formación sistemática, rigurosa e integradora a todas y todos aquellos que quieran conocer las aportaciones de las teologías feministas contemporáneas. Quiere hacer accesible una formación teológica en clave feminista a personas que tienen dificultades para asistir a los centros de formación teológica y/o no encuentran en ellos la perspectiva de género. Es una oferta de nivel universitario. Un master de 64 créditos organizado en dos cursos, que consta de un seminario presencial, que tendrá lugar en Sevilla del 22 al 24 de noviembre en la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), De lo sagrado y lo profano: escritoras y escrituras entre/sin fronteras, organizado en colaboración con AUDEM (La Asociación Universitaria de Estudios de la Mujer), que se prolonga a lo largo del curso mediante la docencia on-line.
Es un proyecto ambicioso y muy enriquecedor para todas las personas implicadas en él, pues todas y todos estamos aprendiendo. Un espacio de formación, de crecimiento personal y de transformación social. En el primer curso, impartido el año pasado hubo alumnas y alumnos de once países y de diferentes ámbitos profesionales, y con diferentes niveles de formación teológica, lo que nos hizo tomar aún mayor conciencia de que responde a una necesidad real. Si quieres crecer en esta dimensión, si estás buscando nuevos lenguajes para articular tu experiencia espiritual y para profundizar en ella y/o quieres abrir tus horizontes sobre la religión y la teología desde nuevas perspectivas, la Escuela está abierta para ti.
Puedes conocernos mejor en
www.efeta.org. ¿Te animas?

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rosanei

rosanei dijo

A vosotras mujeres teólogas os coloco en mi blog en reconocimiento a vuestro esfuerzo conciliador. Estais trabajando pero si no se sabe lo que hacéis es como si no existieseis. Ánimos pues, y a ver si algún siglo próximo los Santos Varones se san cuenta que la iglesia desaparecería si las mujeres no entrásemos en ella.

2 Diciembre 2007 | 12:07 PM

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Sobre mí

Creo que soy una idealista que a pesar de todo sigo creyendo en que el ser humano es esencialmente bueno. La maldad, a veces, viene dada entre otras muchas cosas, por la crianza, la falta de información y la escasez de curiosidad para ir en busca de la verdad que es la que nos permite el poder pensar por propia iniciativa. Me encanta escribir, por eso me he hecho periodista en estos últimos años... Soy socialista mayor, aunque yo diría que no demasiado. Me he movido en un mundo de hombres toda la vida lo que me ha hecho tomar conciencia social e inclinación por el feminismo no radical. Ahora lucho desde mi asociación juntamente con compañeros varones para que las desigualdades se vayan haciendo cada vez más extrañas en un mundo que espero mejor en un futuro que, descorozonadoramente, visibilizo aún muy lejano.

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